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31 de July de 2008 / 20:40

Chiapas - El viaje II -

Escrito por
Jandro

Continuación de la historia del viaje a Chiapas que inicié en Chiapas - El Viaje - y que seguramente continuará en otros posts (ampliar las fotos para máxima calidad).

Me había quedado en la parte donde, con una resaca del mil, íbamos camino de los Lagos de Montebello. La bruma nos acompañó todo el viaje y nos brindó un espectáculo natural bellísimo a la vez que una visibilidad nula.

Estos lagos, son conocidos en todo el mundo por su extrema belleza y por el estado de conservación de los alrededores. Los lagos (en total 59), tienen una coloración muy atractiva debido a los fondos. Nosotros visitamos 3 de los 59 lagos.

En uno de esos lagos alquilamos un pequeño bote (si le puede llamar así, ya que eran 4 palos unidos con cuerdas) y fuimos hasta una pequeña isla en el centro. Vale la pena hacerlo pues la sensación de estar en medio de un lago rodeado de vegetación y bruma es cautivadora. Algunos de estos lagos tienen decenas de metros de profundidad.

De nuevo en la furgoneta, iniciamos camino hacia el Centro Ecoturístico de las Guacamayas. El trayecto fue de unos 125 km más de curvas alternando caminos asfaltados con caminos de arena. Cuando por fin llegamos al centro ya era oscuro y tarde. Cogimos las llaves de las habitaciones y nos fuimos a dormir ya que al día siguiente teníamos que madrugar para ver varias aves como la Guacamaya roja.

Me desperté cuando aún no había amanecido a causa de chillidos y gritos animales. De entre la fauna salvaje de Chiapas se encuentra el Jaguar. Éste, es el único felino de gran tamaño de la Selva Lacandona. Actualmente se haya en peligro de extinción por lo que es muy difícil verlo en libertad. A muchos nativos les pregunté si habían llegado a ver uno en libertad y todos me dijeron que no, excepto uno que me dijo que lo había oido… Al principio estaba acojonado por que los sonidos venían de muy cerca, pero al poco tiempo, salí afuera a intentar dormir en las hamacas dándome cuenta de que lo que oía (pero no alcanzaba a ver) eran monos (changos como ahí les llaman…). Concretamente se trataba de monos aulladores que como dice su nombre, se pasan todo el día aullando. Creerme, al principio acojona.

El hotel es perfecto. Ubicado en una de las partes más remotas de Chiapas, en medio de la nada, constituye el lugar perfecto para entrar en contacto con la naturaleza. El hotel se compone de varias cabañas de madera situadas en el recinto del hotel. Algunas de estas, se hayan elevadas del suelo mediante estacas. El hotel dispone de internet (me imagino que por satélite) aunque va lentísimo.

Por la mañana nos levantamos y fuimos a ver las aves. Vimos varios ejemplares de Guacamayas desde la distancia. Es muy común ver siempre a las Guacamayas en pareja pues desde muy jóvenes se emparejan de por vida con una única pareja (de hecho yo no vi ninguna Guacamaya sola). Si esta muere, no vuelven a emparejarse nunca más. Creo que son la especie animal más fiel que existe.

Tras ver varias Guacamayas en libertad y algunas otras en cautividad, dimos un paseo por los alrededores
descubriendo la fauna y flora del lugar. Destacar una graciosa planta que al tocarla reacciona al tacto: se encoje y cierra las hojas cercanas como por arte de magia.

Después de comer cogimos una lancha por el río Lacantún y fuimos río arriba (creo que atravesamos varios afluentes u otros rios).

Llegado a este punto, hay que decir que lo que viene fue una de las experiencias mejores del viaje.

Estábamos en medio de la selva rodeados de vegetación. Tras sortear muchos meandros y después de subir por alguna pequeña cascada, detuvimos el barco para bañarnos. ¡Bañarnos!

Hacía a penas unos minutos habíamos visto unos cuantos cocodrilos y además es normal encontrarte con serpientes. Acojonados, nos tiramos al agua precedidos por el guía. El agua es de un tono verdoso por lo que no se ve nada. A todo esto que vemos una liana a lo lejos, como a 50 metros y se nos ocurre ir a colgarnos en plan chango. Al principio con mucho respeto, pero luego ya mas sueltos, nadamos hasta la liana, nos colgamos y volvemos.

Aún nose si fue muy prudente, pues parecían aguas infestadas de cocodrilos, pero lo cierto es que me encantó bañarme allí.

Al día siguiente, visitamos Yaxchilán. Es una antigua ciudad maya de las más antiguas. Se encuentra al lado del rio Usumacinta y para mi fueron las ruinas que visitamos que más me gustaron. No tanto por su inmensidad sino mas bien por su estado de conservación y por hallarse en medio de la jungla.

Pero esto lo explicaré en otro post otro día…

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